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La comunidad foral es un crisol cultural que surge entre verdes montañas, sofocantes desiertos o cuevas misteriosas y que se nos muestra mediante monumentos megalíticos, villas romanas, magníficas iglesias, castillos... Y muchas otras cosas que podrás ir descubriendo en tu escapada navarra. Aquí te recogemos algunos de los hitos que nadie debe perderse si planifica un viaje a nuestra tierra navarra.

1. La Selva de Irati & La Sierra de Urbasa-Andía

Dos de los espacios naturales de Navarra, fantásticos para conocerlos en cualquier temporada, aunque en otoño están espectaculares.

Irati:

Con sus más de 17.000 hectáreas, en la frontera con Francia, es el bosque más extenso de Europa tras la Selva Negra alemana. Las laderas de los valles de Aezkoa y Salazar están cubiertas por una bellísima y espesa capa de hayedos y abetos que los envuelve y protege como un manto. En el corazón de Irati se encuentra el embalse de Irabia y la ermita de la Virgen de las Nieves, dos referencias inevitables para todo senderista, así como la estación megalítica de Azpegui, la fábrica de armas de Orbaiceta, o la torre romana de Urkulu, que pudo ser levantada para conmemorar la incorporación de la Galia e Hispania al Imperio romano. Desde cualquiera de sus 24 miradores o a lo largo de los senderos que la cruzan, la Selva de Irati es uno de los bosques más hermosos, frescos e impresionantes que uno ha visto jamás.

Urbasa-Andía:

Urbasa andiaUra basa, el bosque de agua, es la sierra y Parque Natural que en una vertiente mira al clima cantábrico y en la otra al clima mediterráneo. Como consecuencia de éste encuentro climático podemos ver el límite entre el dominio de bosques y pastos junto con la transición hacia las tierras de vid y cereal que ocupan Tierra Estella y la Zona Media de Navarra. No obstante, son las hayas quienes predominan en este bello espacio natural navarro en el que yeguas, vacas y ovejas lachas pastan libremente.

Urbasa ofrece rincones tan interesantes como el Nacedero del Urederra , agua bella, o agua hermosa, localizado en la vertiente sur de la Sierra, en las proximidades de la localidad de Tierra Estella de Baquedano y que constituye el drenaje más importante del acuífero de la Sierra de Urbasa. Otras surgencias a visitar son el Cañón del Río Iranzu junto al sobrio monasterio cisterciense del mismo nombre y el Nacedero del Ubagua en las inmediaciones de la localidad de Riezu.

La riqueza y diversidad, tanto de la fauna como de la flora y de pasisajes que acogen Urbasa y Andía, aparecen como uno de los motivos que cimientan el proyecto para la creación de un Parque Natural.

2. Roncesvalles

En Roncesvalles no hay nada nuevo, todo gira en torno al pasado. Desde la gran gesta de Roland y su olifante de marfil salvando al ejército de Carlomagno, hasta la casi milenaria puerta de entrada de los peregrinos que se dirigían a Santiago desde cualquier punto de Europa. El antiguo hospital, hoy albergue de peregrinos, y la Casa de los Beneficiados, trasformada en un adecentado hotel, siguen dominando el paisaje con sus recias paredes de piedra adosadas a la imponente iglesia gótica donde aún se oficia todas las tardes una emotiva misa que supone el inicio del Camino por tierras hispanas.

Entre la niebla sempiterna, el tiempo se detiene como la imagen de un cuadro. Cuatro religiosos y otros tantos restaurantes junto a la carretera, que les son tributarios, contemplan impasibles el paso lento e incesante de los peregrinos, que pronto abandonan la niebla y la nostalgia del pasado para recrearse en la contemplación del sublime paisaje que les rodea. ¡Bienvenidos a Navarra!

3. El Valle de Baztán

El camino más corto desde Roncesvalles al valle de Baztán, incluye un tránsito por tierras francesas. Antes de llegar a Elizondo, capital de los 15 'lugares' (pueblos) que componen el Valle, hay que detenerse en Arizkun, donde se encuentra el Parque/Museo de Santxotena, un original artista de la madera que expone sus obras frente a Bozate, el último refugio de los 'agotes', una etnia maldita a la que se siente orgulloso de pertenecer.

Los 8.000 habitantes del valle son 'hidalgos' por derecho de nacimiento, privilegio concedido por el Sancho el Fuerte en el siglo XIII, tras vencer en la Batalla de las Navas de Tolosa con la inestimable ayuda de los caballeros baztaneses. El señorío de sus pueblos, las grandes casas de piedra cubiertas de flores, los famosos quesos de Idiazábal o el excelente chocolate de Elizondo son otros tantos atractivos para disfrutar de este singular valle que, no sin razón, ha sido considerado como la Suiza navarra.

4. Tierras de Iranzu

Iranzu 1Las Tierras de Iranzu son uno de los enclaves más sorprendentes de Navarra por su belleza paisajística. Sus pequeños pueblos son un gran reclamo para los amantes del turismo rural. En estas tierras se puede disfrutar tanto de su gastronomía y de la artesanía local como de la multitud de actividades culturales, históricas, de turismo activo, ecoturismo y eventos que se ofrecen a lo largo de todo el año. Desde visitas guiadas a queserías, bodegas y salineras hasta la práctica de actividades acuáticas como vela, windsurf o piragüismo entre otras.

Las Tierras de Iranzu se ubican al oeste de Navarra, muy cerca de la capital Navarra y de Estella-Lizarra, en la Zona Media de Navarra. Delimitadas al norte por las Sierras de Urbasa y Andía, el Valle de Goñi y la zona de Sakana, al este por la Peña de Echauri y al sur por el Camino de Santiago por su paso por Lorca; las Tierras de Iranzu ofrecen un sinfín de actividades para sus visitantes. 

5. Zugarramurdi

Tiene poco más de 200 habitantes, pero es universalmente conocido como el Pueblo de las Brujas. Más allá de la leyenda, se encuentra uno aquí una espléndida cueva, que más parece un gigantesco túnel con palcos, en los que las mujeres del pueblo solían reunirse en el siglo XVII mientras sus maridos pasaban meses faenando en el mar.

Treinta y una de esas mujeres fueron acusadas de brujería por la Inquisición y muchas de ellas fueron injustamente quemadas en la hoguera. La gente acude en masa ahora a esta cueva para conocer con asombro la auténtica historia de aquellas brujas que, según dicen, eran poco más que comadronas aficionadas a las hierbas curativas y que se entregaban ocasionalmente a antiguos ritos paganos de fertilidad. Uno se conmueve ante la abominable tortura y muerte de aquel puñado de inocentes aldeanas que se entretenían junto al Aquelarre, el prado en el que pastaban sus machos cabríos.

6. Estella

vista rio estellaUna ciudad hija del Camino de Santiago. Antiguamente, en la orilla del Ega, debió haber un poblado llamado Lizarra (zona de fresnos), pero el impulso del peregrinaje por parte de la monarquía navarra transformó el enclave en un centro militar, de aprovisionamiento, mercado y descanso, que creció exponencialmente a partir de finales del siglo IX gracias a los fueros ciudadanos que se otorgaron a sus burgos.

Entorno a la iglesia románica de San Pedro de la Rúa, con su bello claustro pegado a la montaña, surgió el embrión de la nueva ciudad, apretada entre el río y la montaña y protegida por un imponente sistema de castillos. En muy poco tiempo surgieron otros burgos tales como el Burç Nüel (o de Curtidores), el de San Miguel o el de San Juan, ya a ambos lados del río Ega. Éste afluente del Ebro es madre (gracias a él se desarrolló una importante artesanía que derivó en muchos casos en la actual industria) y madrastra de la ciudad (por sus ciclicas riadas de finales del invierno fruto del deshielo de las sierras de Urbasa, Andía y Lóquiz). Ésta composición medieval de burgos independientes apiñados entorno al río ha dado como resultado la presencia de iglesias de gran interés, palacios, conventos, plazas de mercado, presas, puentes, curtidurías, etc. que justifican esa comparación que hacen algunos llamando a la ciudad de Estella como la "Toledo del Norte".

Lamentablemente de la judería estellesa se puede visitar apenas la muralla, pero aún se conservan numerosísimos restos arqueológicos y se visitan los barrio que ocupaban francos y judíos. Recorrer sus estrechas calles, jalonadas de casonas y palacios y llenas de peregrinos a cualquier hora del día, nos muestra el vigor histórico de esta urbe medieval que llegó a albergar un edificio románico civil (Palacio de los Reyes de Navarra, hoy sede del Museo de Gustavo de Maeztu) ejemplar rarísimo en la península.

7. El Castillo de Olite

Situado en un pequeño cerro junto a la margen derecha del río Cidacos, Olite fue originalmente una fortaleza en tierras llanas. Carlos III de Navarra, que había pasado parte de su infancia allí, decidió a finales del siglo XIV construir un castillo/palacio para su mujer. También serviría después de refugio a su hija Blanca, tras quedar viuda en Sicilia, y más tarde al Príncipe de Viana, que se educó allí. Se trata del más importante edificio de arquitectura civil gótica del reino de Navarra.

Erizado de torres dispares, patios y modernas estancias, su recorrido deja a todo el mundo con la boca abierta. Si bien la mayor parte de lo que se ve es resultado de una fiel reconstrucción, las palabras de un viajero alemán que lo visitó en el siglo XV dejan bien a las claras la grandeza de lo que era: «No hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso, de tantas habitaciones doradas. Vilo muy bien. Nadie podría imaginas cuan magnífico y suntuoso es dicho palacio».

8. Las Bardenas Reales

Por no faltarle de nada, Navarra también cuenta con un desierto de montañas descarnadas en las que la erosión ha dibujado mil figuras caprichosas. A pocos kilómetros de Tudela o de Olite, Las Bardenas Reales extienden su museo de esculturas naturales sobre una llanura seca y árida, que, sin embargo, está llena de sorpresas y encanto.

La referencia insoslayable que todo el mundo visita es Castildetierra, una extraña formación arenisca que se conserva milagrosamente en pie, defendida por un imposible gorro de roca que la protege de la erosión. Bella, absurda y surrealista, la formación presta un sello de marca a un paraje que atrae por sus horizontes, su soledad y una rara belleza que fascina a quienes la recorren sin prisa. Cruzada de caminos y senderos que se adentran en sus cañones, es un destino ideal para quienes aman disfrutar de la naturaleza en soledad.